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La cruda realidad de la economía mexicana.

Por Alonso Quezada

La economía en México sigue golpeada tras casi 30 meses de que la pandemia impactó de forma grave, ocasionando el cierre de miles de negocios y la pérdida de empleos de muchas personas. Los indicadores señalan que la recuperación será lenta y que tendrán que trabajar en conjunto el gobierno mexicano y las empresas para mejorar la situación.


El Producto Interno Bruto (PIB) aún no ha logrado llegar a los niveles que se tenían registrado hasta antes del inicio de la pandemia. La cifra registrada para el cierre del segundo trimestre del 2022 sigue siendo menor en aproximadamente el 1% en comparación con cualquiera de los trimestres del 2019, último año comparable antes de la llegada del Covid-19. Algunas de las industrias más afectadas son la minería, la construcción y los restaurantes.


La inflación es uno de los problemas más graves, pues en los últimos meses se han alcanzado las tasas de incrementos más altas en los últimos 20 años en los precios de los productos. En julio 2022 se registró un aumento del 8.15%, lo cual es una situación alarmante pues las empresas han tenido dificultades para mantener los precios con aumentos tan considerables y los consumidores son los más afectados pues cada día tienen más dificultades para cubrir las necesidades de sus familias.


Considerando las estadísticas del desempleo reportadas por el INEGI en su último estudio realizado en mayo del 2022, la situación es más positiva pues los números ya mejoraron los registrados hasta antes de la crisis sanitaria. Existen dos datos importantes a señalar: el primero es que el número de profesionistas independientes se incrementó en más de 900,000 y el segundo es que la tasa de informalidad en los empleos sigue siendo de más del 50%.


Los pronósticos realizados por expertos no son los mejores pues esperan nulo crecimiento y más inflación en nuestro país, uno de los peores en comparación con otros países. Algunas agencias especializadas señalan que serán 4 años perdidos por el hecho de que en el 2023 apenas alcanzaremos los niveles que se tenían hasta el impacto ocasionado por el Covid-19, esto ocasionado en parte por la desaceleración proyectada en los Estados Unidos.

Uno de los mayores retos para el gobierno será tomar decisiones certeras que mejoren los números mencionados previamente y mantener los niveles inflacionarios lo más bajo posibles, a diferencia de sus “mejoras cualitativas” que proponen. Además de incentivar la inversión extranjera y tener un canal de comunicación abierta con las empresas para conocer sus necesidades y establecer un plan en conjunto para que se superen los pronósticos.